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El cacique del balón

¿Quién se iba imaginar que ese defectuoso mediocampista por izquierda llegaría hasta ahí? Ni tú, ni yo. Eso es seguro. Entonces… ¿cómo pudo hacerlo? Es un buen hombre de negocios. No hay duda. Porque para apenas participar en la tercera división de su natal Portugal y ser uno de los más reconocidos personajes al interior del mundo del futbol debes de tener algo, ¿cierto?

Es Jorge Mendes. Un centrocampista que jugaba de interior. Que abandonó el balón a los 30 años y lo cambió por una desenfrenada pasión empresarial y que, según reportes del diario de la nación lusitana O Jogo, es el agente de futbolistas más rico del mundo. Con su poder omnívoro, tiene en agenda a futbolistas como Ángel Di María, James Rodríguez, Pepe o al colombiano Radamel Falcao. Y por supuesto, su zafiro en su corona de nombres,  Cristiano Ronaldo.

Y si piensas que sus tentáculos ignoran a los futbolistas mexicanos, estás equivocado. Demasiado. Entre su manojo de clientes, los tres celulares con los que carga y el Armani en negro azabache con el que viste, están agendados Carlos Vela y Raúl Jiménez, dos de los jugadores con mayor proyección en el mercado de pases. Sin embargo, poco y nada se habla de él.

Pero… ¿qué tiene de importante un rico agente? Mucho. Méndes se está volviendo un tipo fundamental en el balompié mundial. Tan solo el año pasado ‘movió’ entre los equipos europeos mil millones de dólares o, lo que es lo mismo, el 0.43% del Producto Interno Bruto de Portugal.

Pero más allá de un rico y poco mencionado hombre de negocios de futbol. Tiene una lengua que bien podría encantar a un rey. De hecho, lo hizo. Con el rey de goles. Con CR7, el astro del atribulado Real Madrid. Lo hizo y no solo tienen una relación de negocios. El artillero del cuadro español le tiene un aprecio tal, que le escribió el prólogo de su libro. Por si fuera poco, le regaló una isla griega por su boda, tasada entre tres y 50 millones de euros. Poca cosa.

Pero no siempre fue el de los contratos millonarios que vestía el traje negro impecable. Como todos esos clichés de Hollywood, Jorge comenzó ‘desde abajo’ y paralelo, pero no ajeno al futbol. En su adolescencia, escribe el sitio  La Tercera “debió vender dulces, sombreros y cestos de mimbre  en la plaza Costa de Caprica, en su ciudad natal”. Luego, por supuesto, involucro el instinto empresarial al futbol, donde se adueñó de la publicidad estática de un equipo del que formó parte. De ahí, comenzó a conocer a futbolistas para luego representarlos. El resto es historia vigente.

Por su puesto, nuestro personaje de 49 años debe de tener algunos, por así decirlo, rivales. Los tiene, no hay duda. Cuenta Proyecto Panenka, que cuando convenció a la leyenda Luis Figo de representarlo “se lío a golpes con su antiguo agente, José Veiga, en un aeropuerto. También terminó en una confrontación legal con Ana Almeida, a quien le arrebató a Nani”.

La próxima estocada puede ser en cualquier momento. O más bien en el verano del 2016, ya que el ‘Superagente’ de jugadores cenó hace algunas semanas con el dueño del PSG francés, con el objetivo de negociar a Cristiano con el cuadro galo. De darse, la operación rondaría los 140 millones de dólares y, aquel mediocampista poco brillante, aquel vendedor de dulces o  aquel comerciante de sombreros, cerraría el traspaso más caro de la historia del futbol. Una transacción digna del cacique del balón.

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