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A favor del “pinche futbol”

“De los que siguen apreciando el pinche soccer  ni hablo, son caso perdido”. Así nace esta historia, con un comentario que surge de un egresado de la universidad más importante de México y que seguramente sería respaldado por Jorge Luis Borges (Q.E.P.D.) si tuviera en sus manos hacer alguna conferencia en la final de la Champions, en algún partido de Copa Libertadores o, como ya lo hizo, en un partido del Mundial, tal cual lo realizó en la Copa del Mundo de Argentina 1978 cuando ofreció una conferencia a la misma hora del juego. Pero ya sea el universitario, el escritor, o cualquier otro que diga que el futbol es un problema, está equivocado.

El problema del futbol no es el futbol. No. El problema es cuando los malintencionados lo usan para agredir, robar, imponer o para amasar fortunas. Como los dirigentes sudamericanos, centroamericanos o el mismo ex Presidente de la FIFA, Joseph Blatter, quien fue suspendido por pagos injustificados, o mejor dicho: acusaciones de sobornos. Pero el balompié no sólo son once tipos corriendo tras un balón, o el hincha violento que luego del partido rompe los parabrisas de los autos, o como decía el mismo literato argentino: “un deporte innoble, agresivo y desagradable”.

La respuesta se la dan al otro lado del Río de la Plata, en Uruguay. Eduardo Galeano escribió en Futbol a sol y sombra que el balompié también puede significar una vía a la unificación, emparejamiento de las clases sociales  y razas, como le pasó a Brasil previo a la década de 1930.

En la pirámide social, los negros estaban abajo y los blancos están arriba. En Brasil llaman a eso democracia racial, pero la verdad es que el futbol ofrece uno de los pocos espacios más o menos democráticos donde la gente de piel oscura puede competir en pie de igualdad.

Galeano también afirma que el futbol es un reflejo de la vida, pues en él se puede experimentar la alegría, la euforia, el dolor, la tristeza, el enojo. Todo en un minuto, de un instante a otro y sin avisar. Bajo este orden de ideas, el futbol es un reflejo del hombre.

Es habitual que los intelectuales como Borges o el poeta Eduardo Escobar (quien tituló un artículo llamado Contra el futbol, de toda corazón, el cual habla de lo molesto que es este deporte del sudor, los sobacos y el amontonamiento) critiquen al balompié, pero ¿cuántos de ellos van o fueron a los estadios recurrentemente?, ¿cuántos de ellos ven por la televisión un partido? Parece que a algunos de ellos se les pasa de largo. Es como el que explica que no le gusta leer y ha abierto pocas veces un libro. Galeano argumenta:

El desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al futbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria.

A estos últimos intelectuales que se refiere el literato uruguayo habrá que recordarles que también el futbol se ha utilizado como foco de oposición. Un ejemplo: en época de la Segunda Guerra Mundial, los nazis invadieron Ucrania y luego retaron al Dinamo de Kyev (uno de los mejores equipos ucranianos) a jugar un partido, pero con la consigna de que si les ganaban, iban a ser fusilados. Su única opción para salir con vida de ese partido era perderlo, contrario a lo que muchos esperaban, el combinado del Dynamo ganó el encuentro pese a la advertencia que luego se volvería realidad; los integrantes de ese equipo opositor fueron fusilados aunque sirvieron de ejemplo para el pueblo que se reveló ante el régimen de Hitler.

El futbol puede servir como un analgésico para la gente, pero también puede servir como chispa revolucionaria; el futbol puede servir para que Borges lo deteste y para que Galeano lo ame; el futbol puede hacer que un universitario menosprecie a la gente que le gusta y puede hacer que se haga todo un artículo en defensa del “pinche futbol”.

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