Reflexiones Alternas

Opinión. Crítica. Reflexión.

El martirologio periodistíco, la voz acallada del informante

Hallan muerta en Puebla a la reportera secuestrada en Veracruz.[1]

El desgarrante llanto de mi hoguera se enciende al leer sobre la injusticia, al sentir presente y palpable la peligrosidad vaciada con desencarnizada ira sobre una compañera veracruzana, compañera, humana antes que nada. Hoy nos atañe un profundo penar por el interminable catálogo de víctimas de una causa: Mártires de su profesión, mártires de su convicción periodística. Hoy escribo bajo este modelo informativo para alertar a todo lector sensible, a todo individuo aún no deshumanizado, a ustedes: compañeros.

Actualmente, México se sumerge en el visor hermético y asfixiante de la industria televisiva, no hay espacio en su haber para cuestiones que no sean la visita del Papa o el triunfo de equis club de fútbol español, por ende, la sociedad mexicana pareciera tener poco tiempo para pararse a reflexionar sobre el acoso y la pena mortal que sufren los periodistas al fungir como sujetos informadores, manejadores de información, información nebulosa para muchos, dichosa para otros.

Empero, el caso de la compañera Anabel Flores Salazar, hallada muerta el pásado 9 de febrero en la carretera Cuacnopalapan-Oaxaca, con dirección a Tehuacán, no es un cuerpo más, inerte y ultrajado. Es la figura enmudecida por el filo criminal del “incomodado”, del ofendido por el acto del desvelo. Su ente corpóreo pareciera gritar –inclusive allí muerto y desbalijado– con todo el coraje que hervía en su ser antes de que fuera asesinada.

Anabel grita para exigir ¡justicia!, sus ojos desorbitados anhelan ver, entre muchas otras cosas, que su muerte no sea un carpetazo más, tan ignorado como empolvado. Pugna a través de ti y de mí, que su esencia humana no sea acribillada por la inculpación de delitos ligados al narcotráfico, porque ya nadie se cree el discurso barato y mal construido de que todo hombre hallado sin vida, se halló así por su empecinada y maliciosa cabeza que no le dio para otra cosa que no fuese el ligazón con el tráfico ilegal de estupefacientes y de rostros sin nombre.

Estimados receptores, las migajas informativas de los centros de poder y su fuerte vínculo con el aparato gubernamental nos declaran la guerra, beligerancia por regir el curso de las “cosas del país”, e inclusive, de la historia misma, porque en la sangre derramada de Anabel, de Armando Saldaña y de tantos más, se halla inserto el devenir social de México en el correr del tiempo; y así mismo, se van las posibilidades que tiene uno de vivir con la libertad de nuestros cinco sentidos, con la pasividad que brinda confort a nuestros cuerpos humanos. Con sus muertes impugnadas seguiríamos en el sendero de la desinformación, de la omisión cobardona. Ahora bien, como muy probablemente la palabra sublevación les queda a muchos, lejana e ignota… la mayor defensiva y ofensiva propuesta ante estos hechos es la solidaridad con el compañero informante, y la desconfianza al palabrerío ficticio del Estado. La información repensada puede ser un buen comienzo de acción, porque muchas veces, ni eso se tiene en cuenta. Y si el barullo atrae a una vaca, también puede atraer a dos, y así, el círculo vicioso evapora la oportunidad de informar mientras se informa y viceversa.

El miedo que vive el periodista, lo padezco yo, y lo sufres tú; día con día, segundo tras segundo, en todo instante y en toda sombra resuena ya. Más aún al respirar este aire ennegrecido y ensangrentado que a ratos gime, “aún no logran desaparecerte a ti”. Sin embargo, no debe haber temor, tendría que ser preocupación y atención, ya que en el tic tac de los balazos pavorosos nunca se tiene como cierto en dónde va a retumbar, podría ser mi cabeza al escribir esto, o podría ser tu nuca recargada en el sillón.

Alejandra Franco, aún no desaparecida.

Referencias

[1] Zavaleta Noe, “Hallan muerta en Puebla a la reportera secuestrada en Veracruz” en Proceso.com. mx, México,  9 febrero, 2016, disponible en http://www.proceso.com.mx/429422/hallan-muerta-en-puebla-a-reportera-secuestrada-en-veracruz

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