Reflexiones Alternas

Opinión. Crítica. Reflexión.

La fagocitación como horizonte de pregunta en la filosofía de Rodolfo Kusch

Y he aquí nuestra paradoja existencial. Nuestra autenticidad no radica en lo que Occidente considera auténtica, sino en desenvolver la estructura inversa a dicha autenticidad, en la forma de “estar-siendo” como única posibilidad. Se trata de otra forma de esencialización, a partir de un horizonte propio. Sólo el reconocimiento de este último dará nuestra autenticidad (Kusch, Geocultura del hombre americano 3, 239).

Pensar en torno a la obra de Gunther Rodolfo Kusch (Buenos Aires, 1922-1979) nos encamina hacia un posicionamiento de diferentes influencias y perspectivas dentro de las cuales su filosofía toma lugar. Definir la filosofía de Kusch es siempre difícil. Incomprendido y olvidado, muchas veces tergiversado, el carácter de su pensar es fuerte en cada una de sus páginas. Bajo palabras y símbolos –muchas veces crípticos– su filosofía va encontrando diversas formas de explicarse, de ejemplificarse. El estilo de su escritura es provocador. Provoca al lector presentando y yuxtaponiendo problemas de corte ontológico, axiológico, político e identitario en el marco del cuestionamiento fundamental relativo a una filosofía propiamente americana.

Kusch es un peronista de izquierda, un libre pensador, que vuelve sobre lo americano desde la tradición europea en una relación de diálogo y tensión con ella, obligándonos a re-articular nuestros prejuicios y a reconocer en éstos algunos elementos soslayados. Esta actitud conduce el objeto de nuestro escrito, particularmente relacionado con uno de sus conceptos capitales llamado: “fagocitación”. A través de algunas perspectivas fundamentales, algunos “horizontes de pregunta”, intentaremos fagocitar la filosofía de Kusch.

Identificamos el problema del método como plataforma explicativa de un asunto central para su pensamiento filosófico. Destacamos cómo lo aplica y fortalece, inicialmente, en el mundo popular y periférico de Buenos Aires, y luego en aquel mundo andino que atraviesa junto con lo indígena su obra madura. Queremos reconocer en el método de Kusch un modo de acercamiento, de análisis e interpretación, que estructura una plataforma de comprensión para los fenómenos culturales americanos en un sentido existencial. Ahora bien, y para pensar sobre lo americano, Kusch reconoce una predisposición radical, sus palabras son elocuentes en América profunda:

Pero no hay labor más eficaz, para dar solidez a esta búsqueda de lo americano, que la del viaje y la investigación en el mismo terreno. Desde un primer momento pensé que no se trataba de hurgarlo todo en el gabinete, sino recoger el material viviente en las andanzas por las tierras de América, y comer junto a su gente, participar de sus fiestas y sondear su pasado en los yacimientos arqueológicos; y también debía tomar en cuenta ese pensar natural que se recoge en las calles y en los barrios de la gran ciudad. Sólo así se gana firmeza en la difícil tarea de asegurar un fundamento para pensar lo americano (2, 5).

Desde el terreno y el viaje, desde la experiencia vivencial y el material viviente, desde los yacimientos arqueológicos hasta las calles y los mercados, nos propone el “axioma” de su método. Sin desvalorar el gabinete, nos lleva a la vivencia, nos invita a soltar amarras. En este sentido indica Kusch sobre el carácter del método en El pensamiento popular desde el punto de vista filosófico:

Método supone la descripción de cómo se recorre el camino. Pero en el operar mismo no hay modo, sino apuestas en el sentido de Ricoeur, a partir de un campo de objetividad surgido a medias de los símbolos populares. Se apuesta al logro de la índole de lo otro a partir del operar mismo (3, 502).

El cómo que nos propone Kusch es el método pensado como un recorrido, como un camino en realización. Un recorrido como “apuesta”[1]; una apuesta en tanto que apertura a los presupuestos y prejuicios que tenemos hacia lo desconocido. Es aquello desconocido lo que ronda en lo simbólico, en la medida en que se comprende desde su acontecer cambiante, desde su “operar mismo”.

En este punto, es necesario introducir el concepto fundamental de “fagocitación” como nuestro pivote teórico-metodológico. Así lo define Kusch en América profunda:

Pero esta misma oposición, en vez de parecer trágica, tiene una salida y es la que posibilita una interacción dramática, como una especie de dialéctica, que llamaremos más adelante fagocitación. Se trata de la absorción de las pulcras cosas de Occidente por las cosas de América, como a modo de equilibrio y reintegración de lo humano en estas tierras.

La fagocitación se da por el hecho mismo de haber calificado como hedientas a las cosas de América. Y eso se debe a una especie de verdad universal que expresa, que, todo lo que se da en estado puro, es falso y debe ser contaminado por su opuesto. Es la razón por la cual la vida termina en muerte, lo blanco en lo negro y el día en la noche. Y eso es sabiduría y más aún, sabiduría de América (2, 18-19).

A través de la “fagocitación”, es decir, la absorción de lo occidental en favor del “equilibrio y la reintegración de lo humano”, Kusch nos muestra una interacción crucial, ulteriormente, focalizada en la (re)construcción de los procesos culturales e identitarios que han acontecido en América. Esta interacción re-codifica el acontecer histórico en una “dialéctica” centrada en los opuestos (divergente a toda idea de superación o síntesis), capaz de constituir una entrada a la sabiduría americana.

La “fagocitación” contiene elementos que reposicionan la experiencia (y la convivencia) con lo popular, construyendo vehículos para filosofar sobre lo urbano, lo mestizo, lo argentino y, por cierto, sobre lo americano. Así también integra lo indígena como un horizonte abierto donde se presenta “lo simple, lo arcaico y lo antiguo”, “lo seminal”; para Kusch es el “pensamiento filosófico indígena” aquello que conduce la pregunta por lo “americano”. Esta reflexión arcaica, seminal, indígena, se enfrenta inexorablemente a la aculturación, a la modernidad, el colonialismo y el capitalismo (Kusch, América profunda 2, 179-215) y para ello utiliza a la “fagocitación” (de lo occidental) como respuesta. Esta respuesta demuestra los modos de supervivencia y vectorización de lo popular y lo indígena. Frente a la “aculturación” el ejercicio de “fagocitación” devora (y subvierte) la imposición identitaria y cultural. Es un ejercicio de resistencia y conservación, de adaptación y acomodo, ulteriormente, es un ejercicio creador, un ejercicio vital. El problema de lo vital es profundo y siempre presente. En la filosofía de Kusch podemos sostener que lo vital funciona como el trasfondo de sus propuestas siguiendo un sentido radicalmente existencial y propositivo. Sobre ello, señala Kusch en Esbozo de una antropología filosófica americana:

El término vida no se define, sino que transita entre el estar y el es. Constituye el término central de una conciencia natural. Y en tanto que media entre lo puramente dado que está, y lo determinable del es, traza ahí la parábola de la biografía, no sólo propia, sino también la de las piedras, con los episodios que se van dando, pero que siempre pudieron haber sido otros, y que únicamente es corregida con la posibilidad y no la efectivización de un “saber vivir” (3, 403).

La vida como problema en la filosofía de Kusch se resuelve a través del transitar entre el estar y el ser que tiende (no progresivamente) hacia un “saber vivir”. La vida y su sabiduría funcionan como una vía simbólica para comprender el “estar siendo”. La vida es dinámica y transitoria, constituye un juego, un vaivén, en el cual la noción de “fagocitación” integra un carácter lúdico, de mediación e interoperación. La “fagocitación” en términos de condensación conceptual de su filosofía (en un sentido profundo) nos invita a detener nuestra mirada en aquello que lo popular o lo indígena desarrollan y vectorizan, finalmente, como “sabiduría de vida”, como un “saber vivir”.

Entonces, la “fagocitación” se comprende desde el “saber vivir” porque se regenera y acontece con la seriedad de un “juego” que involucra a la vida. Advierte sobre ello: “Lo lúdico abre un área de interpretación de los humano que no es fija sino dinámica. A partir de aquí no tiene sentido trazar modelos rígidos, sino en todo caso en movimiento” (Kusch, Esbozo de una antropología filosófica americana 3, 410). Fagocitar es entonces desocultar este carácter lúdico, dinámico, en movimiento, abierto a la experiencia que configura la vida y lo vital.

Finalmente, queremos relevar que Kusch no se agota, no se concluye ni se cierra. Hemos intentado reconocer algunos elementos significativos referidos a su calidad reflexiva a través de la descripción de un “paisaje conceptual”, de un “horizonte de pregunta” provisto de entradas múltiples en la ardua labor de comprender e interpretar su pensamiento. Podemos concluir que en toda su obra Kusch nos invita a desenvolver un ejercicio de re-elaboración y re-actualización de propuestas sustantivas, que re-direcciona el sentido de la filosofía desde y sobre América.

Referencias

[1] Paul Ricoeur sostiene en Finitud y culpabilidad: “Tal es nuestra única apuesta. Únicamente puede ofenderse por este modo de enfocar la investigación el que crea que la filosofía sólo puede salvaguardar su iniciativa y su autonomía a condición de eliminar todo presupuesto previo. Cualquier filosofía que arranque en el pleno lenguaje es una filosofía que cuenta por el mismo hecho con algún presupuesto previo. Lo que le corresponde hacer para salvar su honradez es explicitar y aclarar sus presupuestos, enunciarlos como creencias, elaborar las creencias como en apuestas e intentar ganar la apuesta transformándola en comprensión” (498).

 

[note]Kusch, Rodolfo. Obras completas. 4 Tomos. Rosario: Fundación Ross, 2009.
[/note][note]Ricoeur, Paul. Finitud y culpabilidad.Madrid: Taurus, 1969.[/note]

Next Post

Previous Post

Leave a Reply

© 2022 Reflexiones Alternas

Theme by Anders Norén