Reflexiones Alternas

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¿México (no) es América Latina?

La idea de América Latina se ha caracterizado por englobar el área geográfica que va desde el río Bravo hasta la Patagonia, pasando por el Caribe y Brasil; en ese sentido hay diversos elementos que se comparten y dan cohesión a dicha zona: la religión, la lengua (en algunos casos), e incluso las economías basadas en ciertos productos específicos, aun cuando se encuentren salvedades históricas que hacen diferenciar ciertos países de otros, como su historia, algunos levantamientos armados, las migraciones e incluso el narcotráfico.

¿Por qué, siendo notorias las similitudes que existen y acercan a México, hay cierto rechazo a la idea de pertenencia a esta zona geográfica, si no cultural? Considero que hay dos factores que se deben considerar. En primer lugar, la posición del país, la cercanía con Estados Unidos y el acercamiento de las cúpulas de poder al mismo, además de la idea que se tiene de América Latina como una zona de retraso o simplemente “naco”.

Mão, Oscar Niemeyer, 1989

Estratégicamente hablando, y desarrollando mi primer punto, no es un secreto que México es una vía de acceso rica en recursos naturales, en el cual van y vienen todo tipo de productos: de primera necesidad como limón, aguacate y jitomate; minerales como la plata; una increíble fuente de energía de todo tipo; así como en los últimos años, un paso para drogas y mercados negros como la prostitución, tráfico de personas y pederastia, lo cual, aun cuando no se quiera aceptar, surte las necesidades estadunidenses de todo tipo. Para Estados Unidos es vital que México siga como su satélite, y qué mejor si es la elite política y económica la que insiste en tener un programa, si no imitativo, al menos acorde con los intereses de dicho país. Esto, aunado a la propagación de la cultura occidental en la que se promueve una búsqueda INDIVIDUAL de la felicidad a partir del consumo de productos y servicios, al estilo yankee. Dicha impregnación cultural ha sido aceptada y valorada por la clase media que busca consumir y acercarse al estilo de vida de los vecinos del norte, dejando de lado costumbres y tradiciones de nuestro país, y que, al mismo tiempo, dejan de lado a América Latina.

¿Por qué dejar de lado la identidad latinoamericana? Habría que examinar un vasto campo de estereotipos que pesan sobre la zona, como en cualquiera, pero lo que rescato es lo siguiente: en América Latina se observan costumbres y tradiciones que generalmente están ligadas con la religión, y estas van ligadas con la idea de una población que necesita estas creencias para subsistir, creando con ello una sociedad subdesarrollada. Además, se ha de decir que la historia de América Latina, plagada de caudillismos, golpes de Estado y rebeliones durante el siglo XIX y XX, da ¿motivos? para creer que uno como mexicano no quisiera parecerse a los latinoamericanos. No se puede ignorar también la influencia que Estados Unidos ha tenido sobre América Latina, pues a partir de sus múltiples intervenciones en la región, el país del norte ha justificado las mismas bajo la bandera de llevar el orden y el progreso, de instaurar la democracia a lugares que no se pueden regir solos, denegando implícitamente los procesos tanto históricos como políticos que como sociedad construían. ¿Quién quisiera identificarse con países que no pueden gobernarse a sí mismos, que no pueden mantener el orden para instaurar una sociedad por lo menos estable?

Estos y más estereotipos son los que construyen una idea de América Latina atrasada, con problemas sociales graves y con un subdesarrollo y endeudamiento difíciles de superar. Habría que pensarlo dos veces antes de aceptar esta idea de América Latina. Habría que tomar en cuenta que en diferentes países como Argentina, Brasil o Chile, se ha logrado construir una sociedad civil que realmente impacte en sí misma, lo que ya de por si habla de una noción de reflexión sobre el estado de cosas; una sociedad civil que en México apenas empieza a quejarse por la situación actual del país. Relacionado a la sociedad civil, en América Latina se dan movimientos sociales que se organizan no sólo para exigir justicia ante las autoridades, sino que toman la batuta y son estos mismos grupos los que plantean y resuelven problemáticas que el gobierno no puede o quiere ver. Está por demás mencionar a las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, los trabajadores sin tierra en Brasil o el movimiento cocalero en Bolivia, como muestra de ello.

Hemos de reconocer que México tiene más problemas en común con América Latina que con Estados Unidos, pues aun cuando nos cueste aceptarlo, compartimos más con el inmigrante, con el “mara salvatrucha”, y con el narco, que con la cultura y sociedad norteamericana. Este reconocimiento debe llegar por el conocimiento y la reflexión de nuestra historia como país, en cuanto a construcción estatal y social se refiere, y que tuvo símiles en Centroamérica y América del Sur. Así mismo debemos voltear a ver las soluciones, sin importar que hayan sido infructuosas, que en dichos países han convenido para tratar sus infiernos nacionales.

Presencia de América Latina, Jorge González Camarena, 1964

En cuanto a los gobernantes, narcotraficantes y clases privilegiadas se refiere, es mucho más difícil convencer a una persona con poder sobre un cambio de hábitos cuando en la realidad su dominio abarca hasta donde alcanza la vista. Es aquí donde cabe la exigencia hacia nuestra clase política para que volteen a ver lo que queda de México y reconstruirlo, si bien es cierto que la influencia económica estadunidense es mucha y las recompensas por obedecer al vecino de norte son mucho más cuantiosas, es necesario al menos permitir o proteger los intereses de nuestro país. Caso con la misma exigencia para nosotros como sociedad, para que nos organicemos, no ya para que los partidos de izquierda tomen el poder y tengamos a figuras como Chávez o Lula de Silva, sino una sociedad que sepa defenderse ante abusos de los poderosos sin importar inclinación política, o diferencias mínimas. Tomar nuestro lugar como latinoamericanos y afrontar nuestros problemas como latinoamericanos que somos.

Debemos enseñarnos a no huir de nuestras responsabilidades, ni de nuestra identidad. Si la clase alta en general y la sociedad no reconocen que México es latinoamericano en historia, problemas y soluciones, la situación en nuestro país ira en detrimento (sí, se puede estar peor de lo que estamos). Es hora de empezar a asumir nuestra obligación con nuestro país, con América Latina y con el mundo, para mejorar el entorno en el que vivimos, y en el que otras personas también viven.

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